Swisscontact
Sobre el residuo total de la ciudad«only around 9% of the city's waste is collected in a differentiated manner and is recycled» — ficha del proyecto Ciudades Circulares.
Bolivia · Santa Cruz de la Sierra
La definición se consigue en cualquier lado. Lo que casi no se consigue son los números de acá con su fuente, y sobre todo con la aclaración de sobre qué se calcularon. Esta página es eso: qué es la economía circular sin jerga, cómo está Santa Cruz hoy, qué dice la ley boliviana y qué puede hacer cada uno.
La economía que tenemos es lineal: se extrae un material, se fabrica algo, se usa y se entierra. Sacar, usar, tirar. La economía circular cambia el final: ese material vuelve a entrar como materia prima de algo nuevo, y lo que sobra de un proceso es el insumo de otro.
No es una idea moral, es aritmética. Cada tonelada que vuelve a la cadena es una tonelada que no hay que extraer, transportar ni enterrar — y las tres cosas cuestan plata y energía. Por eso una botella no es basura: es materia prima puesta en el lugar equivocado.
Extraer → fabricar → usar → enterrar. El material hace un solo viaje y su valor termina en el relleno sanitario, que además hay que pagar.
Extraer → fabricar → usar → recuperar → volver a fabricar. El material sigue teniendo dueño, precio y destino después del consumo.
La ciudad genera alrededor de 1.900 toneladas por día (EMACRUZ – Swisscontact, 2023). Así se reparten:
52%
Orgánico
Restos de comida, cáscaras, poda. Es la mitad de todo, y hoy se entierra casi entero.
21%
Reciclable
PET, cartón, papel, aluminio, vidrio, plástico duro. Tiene mercado y comprador en la ciudad.
27%
No aprovechable
Lo que hoy no tiene una vía de recuperación disponible.
Hay dos lecturas que casi nunca se hacen. La primera: la mitad de lo que la ciudad tira es orgánico, y el orgánico no necesita industria ni comprador — necesita compostaje. La segunda: ese 21% reciclable es el techo real de cualquier programa de reciclaje de Santa Cruz. Nadie puede reciclar más de lo que es reciclable, así que cualquier meta por encima de ese número está mal planteada de entrada.
Fuente: Swisscontact, ficha del proyecto Circular Cities – Colombia, Bolivia —«of which 52% is organic, 21% recyclable and 27% non-recyclable»—, verificada el 7 de agosto de 2026. swisscontact.org. Existe una serie alternativa de Swisscontact con EMACRUZ que desagrega distinto: no conviene mezclar las dos en un mismo documento.
Acá va a encontrar la respuesta honesta y no la cómoda: no hay un número único. Las fuentes serias de la misma ciudad van de 1% a 9%, y la razón no es que alguna mienta. Es que hay dos denominadores en juego.
Unas dividen por el residuo total de la ciudad; otras, por la fracción reciclable, que es alrededor del 21% de ese total. Un 8% sobre la fracción reciclable es ~1,7% sobre el total: el mismo hecho, dos números que parecen contradecirse y no se contradicen.
«only around 9% of the city's waste is collected in a differentiated manner and is recycled» — ficha del proyecto Ciudades Circulares.
El Deber titula que en la capital cruceña se aprovecha menos del 1% de los residuos sólidos generados; La Región publica que apenas el 1% de esos residuos se recicla.
«la ciudad genera 1.942 toneladas de basura cada día y sólo el 8% de los materiales reciclables se recupera». Como la fracción reciclable es ~21% del total, ese 8% equivale a ~1,7% del total.
«Entre 1% y 9%, según quién mida: Swisscontact reporta ~9% del residuo total con recolección diferenciada; El Deber y La Región, cerca del 1% sobre esa misma base; CADECOCRUZ mide otra cosa — ~8% de la fracción reciclable, que es ~1,7% del total.»
Lo que hay que evitar es publicar «menos del 9%» a secas. Sin fuente ni denominador es el número más favorable de un rango de casi diez veces, y quien conozca el dato lo corrige en la mesa.
Si nadie puede decir el número, lo que falta no es conciencia, es medición. Una ciudad que no sabe cuánto recicla tampoco sabe si mejoró el año pasado, ni qué programa funcionó, ni dónde poner el siguiente peso. Y una empresa que no puede demostrar qué hizo con su material está en la misma situación, solo que a escala propia.
Por eso Greenway documenta cada transferencia con peso, fecha, foto y destino, confirmada por las dos partes. No para tener un número más lindo: para tener uno que se pueda revisar.
En Bolivia el marco existe y es más viejo de lo que la mayoría cree. Lo que falta no es norma: es cumplimiento y registro.
Es la norma madre en la materia, reglamentada por el Decreto Supremo 2954 de 2016. Ordena la gestión integral de los residuos y su declaración, y en su artículo 18 reconoce la actividad de recuperación de residuos como oficio. Sus sanciones van en tres escalas según la gravedad, y son distintas para personas que para entidades.
La Ley 755 explicada en lenguaje de empresaEstablece que productores y distribuidores son responsables de sus productos hasta la fase de post consumo. Su alcance inicial son cinco productos: botellas PET, bolsas de polietileno, neumáticos, baterías y envases de plaguicidas. Está en la ley desde 2015; lo que estuvo pendiente todos estos años es su reglamentación, y no hay una fecha publicada de entrada en vigor: desconfíe de quien le dé una.
La REP en Bolivia, con el texto de la leyPrevé la acreditación de empresa socialmente responsable, que puede sumar puntos en contrataciones departamentales. Un matiz que corresponde decir siempre: esa acreditación la otorga la Gobernación, no una plataforma privada. Lo que una empresa puede preparar es la evidencia documentada de lo que efectivamente hizo con sus residuos; qué se acepta y cuánto vale lo define la autoridad.
Esta sección informa sobre el contenido de normas públicas y no reemplaza asesoría legal. Antes de tomar una decisión —firmar, presentarse a un proceso, responder una observación— confírmelo con su asesor legal.
Ordenado por quién es usted, y no por qué suena mejor.
Cada cifra viene con su fuente y con la base sobre la que se calculó.
Es dejar de tratar las cosas como si tuvieran un solo viaje. En el modelo lineal se extrae un material, se fabrica un producto, se usa y se entierra: sacar, usar, tirar. En el circular ese material vuelve a entrar como materia prima de algo nuevo, y el residuo de un proceso es el insumo de otro. No es una idea moral, es aritmética: cada tonelada que vuelve a la cadena es una tonelada que no hay que extraer, transportar ni enterrar, y todo eso cuesta plata y energía.
No hay un número único, y publicar uno solo es indefendible. Las fuentes van de 1% a 9% porque no miden lo mismo: unas dividen por el residuo total de la ciudad y otras por la fracción reciclable, que es alrededor del 21% de ese total. Swisscontact reporta que cerca del 9% del residuo de la ciudad se recolecta de forma diferenciada y se recicla; El Deber y La Región reportan cerca del 1% sobre esa misma base; CADECOCRUZ mide otra cosa, alrededor del 8% de los materiales reciclables, que equivale a ~1,7% del total. Un 8% sobre la fracción reciclable y un 1,7% sobre el total son el mismo hecho dicho de dos maneras.
Casi siempre por el denominador, no por el dato. Cuando una fuente dice «el 8% se recupera» hay que preguntar 8% de qué: si es de todo lo que la ciudad genera o solo de lo que es reciclable. Son dos números que se diferencian en casi diez veces y suelen publicarse sin aclararlo. Por eso la forma correcta de citar cualquiera de estas cifras incluye siempre sobre qué base se calculó.
Según la ficha del proyecto Ciudades Circulares de Swisscontact, el 52% es orgánico, el 21% reciclable y el 27% no aprovechable. Lo primero que salta es que la mitad es orgánico: hay una fracción enorme que no necesita industria ni comprador, necesita compostaje. Y lo segundo es que la fracción reciclable, ese 21%, es el techo real de cualquier programa de reciclaje de la ciudad — no se puede reciclar más de lo que es reciclable.
Alrededor de 1.900 toneladas diarias, según la medición de EMACRUZ y Swisscontact de 2023. Las fuentes se mueven entre 1.825 y 1.945 toneladas por día. Circula también un cálculo derivado del INE que da unas 4.546 toneladas diarias: ese número usa otro denominador —el área metropolitana, no la ciudad— y no debe mezclarse con esta serie.
La norma central es la Ley 755 de Gestión Integral de Residuos, de 2015, reglamentada por el Decreto Supremo 2954 de 2016. Establece la gestión integral de los residuos, su declaración, y reconoce en su artículo 18 la actividad de recuperación. Dentro de esa misma ley, el artículo 38 crea la Responsabilidad Extendida del Productor: productores y distribuidores son responsables de sus productos hasta la fase de post consumo. Es un régimen que existe desde 2015 y cuya reglamentación es lo que estuvo pendiente todos estos años.
El régimen está en la Ley 755 desde 2015 y alcanza a productores y distribuidores de cinco productos: botellas PET, bolsas de polietileno, neumáticos, baterías y envases de plaguicidas. Lo que no existe es una fecha publicada de entrada en vigor de su reglamentación, y conviene desconfiar de quien le dé una. Tampoco hay que confundirla con la ley REP de Chile, que es otro país y otro texto: buena parte de lo que devuelve un buscador al escribir «ley REP» es chileno.
La Ley Departamental 239 de Santa Cruz prevé la acreditación de empresa socialmente responsable, que puede sumar puntos en contrataciones departamentales. Un matiz que hay que decir siempre: esa acreditación la otorga la Gobernación, no una plataforma privada. Lo que una empresa puede hacer con Greenway es llegar con la evidencia documentada de lo que efectivamente hizo con sus residuos; qué se acepta y cuántos puntos vale lo define la autoridad.
Por medir. Suena obvio y es exactamente el paso que se saltan casi todas: se arranca con la campaña, la foto y el comunicado, y nadie sabe cuántos kilos salieron ni a dónde fueron. Lo mínimo utilizable es qué material sale, cuánto pesa, cuándo salió y a qué destino llegó, con respaldo por cada movimiento. Con eso ya se puede fijar una meta; sin eso, cualquier meta es un deseo.
Sirve, y hay una forma de medirlo sin discursos: cada kilo de PET reciclado evita alrededor de 1,9 kilos de CO₂ según la EPA de Estados Unidos. Multiplique eso por lo que realmente mueve —no por lo que estima que mueve— y tiene un número defendible. Ese es el punto: la diferencia entre reciclar y decir que se recicla es un registro.
Fuentes de esta página: composición de residuos, generación diaria y tasa de recolección diferenciada, de la ficha del proyecto Ciudades Circulares de Swisscontact, verificada el 7 de agosto de 2026 contra la página oficial; tasa sobre la fracción reciclable, de CADECOCRUZ; aprovechamiento cercano al 1%, de El Deber y La Región; factor de CO₂ evitado por reciclaje de PET, de la EPA de Estados Unidos; y el articulado citado, de la Ley 755 de Gestión Integral de Residuos y su Decreto Supremo reglamentario 2954.